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SUPERVIVENCIA EMOCIONAL

MIGUEL HERNÁNDEZ, ETERNO

MIGUEL HERNÁNDEZ, ETERNO

Un día como hoy, en el año 1942, el cementerio de Alicante abría su nicho 1009 para acoger, en sus fauces, el famélico cuerpo del poeta Miguel Hernández. Tras una larga y penosa enfermedad en la cárcel, la sangrienta posguerra española, se cobraba una víctima más. Eran las diez de la mañana. La primavera levantina, prendida de los inmaculados almendros, ajena al estruendo de la intolerancia, sigue enamorando el aire con su fragancia de eternidad. Déjame que hoy, querido Miguel, me asome a tu corazón de heridas hondas, de honda luz y honda querencia. Déjame que bucee cada sílaba que te reencuentra y te libera, que te llena de libertad enamorada, que te devuelve a la renacentora vida de la eternidad. Déjame, querido Miguel, que hoy abra la fosa del olvido y te restaure al púlpito de tus versos, para que tu voz se eleve, en bandadas de jilgueros, hacia la inmortalidad de los astros.

Umbrío por la pena, casi bruno,

porque la pena tizna cuando estalla,

donde yo no me hallo no se halla

hombre más apenado que ninguno.

Sobre la pena duermo solo y uno,

pena es mi paz y pena mi batalla,

perro que ni me deja ni se calla,

siempre a su dueño fiel, pero importuno.

Cardos y penas llevo por corona,

cardos y penas siembran sus leopardos

y no me dejan bueno hueso alguno.

No podrá con la pena mi persona

rodeada de penas y de cardos:

¡cuánto penar para morirse uno!

                Miguel Hernández

                  "El rayo que no cesa" 

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