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SUPERVIVENCIA EMOCIONAL

LOS REGALOS DE AMOR

LOS REGALOS DE AMOR

Para tod@s aquellos que me amáis sin condiciones y que estáis haciendo cábalas para sorprenderme con un original y emotivo presente  para el día de los enamorados, me siento en la obligación de aclararos ciertos puntos:

1º)  No me gustan los ramos de flores, por eso rompí todos los jarrones de mi casa. Si queréis obsequiarme con naturaleza, invitarme al campo, a un barranco cualquiera, al cauce de un río, a la sombra de una higuera recién henchida de frutos. Tampoco sé cuidar, como se merecen, los coloridos geranios, las enclaustradas margaritas o los benevolentes cactus con sus parcas necesidades de mimos. Ya no me queda campo santo suficiente para enterrar tanta semilla baldía dilapidada en tiestos descoloridos.

2º)  Las joyas son otra cosa, sobre todo aquellas fabricadas en metales nobles, lástima que mi epidermis, desacostumbrada a estas poderosísimas caricias, se me torne alérgica, apática, incrédula e indiferente ante el brillo de tales sutilezas inalcanzables. Casi mejor me sigo quedando con lo de siempre: el anillo moldeado de sorpresas que me regala Yolanda, la gargantilla de papel de plata que Alma fabricó en la clase de manualidades, los pendientes que diseñan tus labios cuando me buscas a tientas, tanta pulsera hecha de caricias que me engarzáis, cada día, con vuestra compañía. Joyas tengo suficientes, siempre hay nuevas por estrenar cada segundo.

3º)  Adoro viajar pero desde que ando con los bolsillos vacíos, el pasaporte caducado y la maleta llena de ropa descosida, ya no he diseñado aventura alguna que llegara más lejos del supermercado más cercano. A todo se acostumbran los deseos, las ilusiones se moldean como figuras de plastilina y como yo soy de evasiones gratuitas y esperanza siempre alerta, con poco saldo bancario me es suficiente para viajar a lo más remoto del universo. Si quieres hacerme feliz con una aventura exótica sólo dime si en la jaima de tus brazos el cus-cus sabe, como ya me temo, a dátil enamorado.

4º)  Ya sabéis que soy de libro y música fácil, aunque demasiado exigente para lo inculta y pobre que se me adivina. Prefiero el coro de las porteras, copla en ristre, a ciertas orquestas de sinfonías pluscuamperfectas; el cantautor improvisado que me vende los cupones a los engominados millonarios del estribillo vacío. Prefiero leer el graffiti de mi vecino, con faltas de ortografía y tacos callejeros, a los calculados sonetos de algún poeta arrepentido; me gustan más las historias que tú me cuentas, aunque sean verdad, que ciertos capítulos sublimes de estos literatos de salón. Así que, mejor, no te esfuerces en regalarme las obras completas de algún futuro premio Nobel, ni siquiera la próxima novela que ganará el Planeta, mejor dibújame en la espalda una palabra ambigua, la que tú quieras, y déjala macerar hasta que se haga verso.

Y así podría seguir hasta el aburrimiento total de vuestras neuronas y el crack universal de los grandes almacenes. Si me queréis de verdad seguir regalándome vuestro oxígeno, la luz de vuestra presencia, la algarabía de vuestro silencio más allá de las palabras y los nombres. Que todo cuanto deseo esta ahí, al sur de vuestras manos enamoradas por la vida.

 

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2 comentarios

Paseo de Letras -

Hola Sacra : me pusiste una sonrisa leyendote....siempre es un placer...ahora es posible que te conozca un poquito más...
Te regalo mi sonrisa...mil palabras que unan una vez más tu vida y tus escritos de la forma en la que lo haces...no cambies...¡¡¡¡
Abrazos desde este mediterraneo que nos une.

Smyle -

A mí casi mejor que en vez de regalarme mañana, sea siempre.
O, en todo caso, pasado mañana.

:*
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