LOS 'DIVERTIMENTOS' DE ANTONIO PORPETTA

VIRGEN
La única distracción celestial de aquella virgen era la tertulia diaria con un grupo de patriarcas, santos, mártires, beatos y confesores.
Alguien la oyó murmurar "Si yo lo llego a saber..."
LEVITACIÓN
En el coro, en pleno rezo de maitines, la hermana Eduvigis de la Consolación entró en éxtasis y levitó hacia las alturas, ante el asombro de la comunidad.
El diagnóstico médico fue: traumatismo craneoencefálico. Muy grave.
DISTRAÍDO
Era un magnífico escritor, pero un hombre muy distraído.
Si hubiera tenido la precaución de conectar su ordenador, hoy tendría una obra francamente interesante.
LICÁNTROPO
Las desgracias nunca vienen solas: aquel licántropo era, además, poeta.
En los plenilunios lo pasaba fatal.
ANTONIO PORPETTA "Historias mínimas y otros divertimentos" (Huerga & Fierro editores, 2009)
LA CRISIS

Pues sí, Maripiti, esto de la crisis nos está poniendo del revés las expectativas laborales. Tal es la necesidad que tenemos de trabajo que nos estamos convirtiendo en verdaderos intrusos en profesiones que, casi, ni siquiera sabíamos que existían. Y, si no, mírame a mí: puntual informadora de la cultura en televisión, reportera-bloguera del mundo rosa o novata-experta en embarazos y lactancias varias. De repente he dejado de ser la anónima ’escribidora de versos’, la ama de casa que plancha a regañadientes o la madre que se pelea con la dificultad de las sumas llevando. Ahora ya soy famosa, es decir, un intrusa. Y es que a mí estas cosas me vienen grande, me hacen llagas como esas costuras inoportunas que tanto nombraba mi abuela, en ciertas partes púdicas e intocables. Por eso quiero pedir perdón y deciros que, efectivamente, ha sido la crisis la que me ha lanzado a este mundo de frenesí y fama inmerecida. Yo me siento como esas mujeres que se van a hacer la calle sin vocación y sin condones en el bolso, sólo por pura necesidad de llenar el bolsillo con algo que alimente la hipoteca y el seguro de los muertos. La crisis, Maripiti, esa puta que nos sirve de excusa para todo.... ¡Qué cosas!
MI CASA

Mi casa es pequeña, amable y reutilizable en los momentos más álgidos de la ternura.
Sabe a orégano y a nueces,
a desinfectante armonía
o a sollozo escondido en los altillos
donde se agazapa el invierno al llegar mayo con sus frutos.
Es así: manejable como una taza de café desportillada,
ambigüa como una servilleta de flores hecha de papel y seda,
eterna como el rebozado de mi abuela y los rollitos del ’chino’ a domicilio.
Mi casa palpita con su propia esencia y su única arteria
(esa delicada tubería donde se enamora la crisálida de ese grifo imponente),
Se viste anárquica y voluptuosa, sencillamente mísera en las esquinas
y espera, paciente y enamorada, a los invitados precoces de la esperanza.
Sólo admite sueños y sonrisas las venticuatro horas,
las penas, como la madrugada, las guarda hasta salir el sol por detrás de las cortinas
y siempre descuelga el teléfono con alegría aunque no llame nadie.
Es mi casa... el hogar donde mi alma se viste de lluvia y se desnuda de tormenta,
el cobijo donde mi corazón encuentra la esencia de mí misma, el futuro de mis ojos.
YO TAMBIÉN SOY EMIGRANTE

¡Qué extraña es la palabra emigrante!... ¿Quién emigra?... ¿quién regresa?... ¿quién se despide en la distancia sobre un papel mojado o una lágrima hueca? ...
¿Es el mismo emigrante Cristiano Ronaldo que el boliviano que hacía pan en Gandía?... ¿vale lo mismo un brazo perdido en la basura que una pierna santificada por el ’dios fútbol’? ... ¿Quién soporta sobre la espalda del mundo la sed y el hambre de los más débiles?...
A veces me detengo a llorar sobre las pateras dormidas que regresan, vacías, a la costa infame del progreso, a la resaca multitudinaria de las leyes ciegas y los palacios vertiginosos crecidos entre el fraude y el dolor de las urnas enquistadas y mohosas.
A veces quisiera emigrar del mundo, de la vida. Tomarme una excedencia para el latido, para los ojos, para este corazón de hastiados vértices e incomprensibles abrazos.
Me detengo a deshilar los pensamientos que vagan desnudos en mitad de las carreteras del hambre, sobre las autopistas de mis venas que trasportan soledad en baldes de añoranza.
Miradme, yo también soy emigrante. Yo también vengo de un mundo ajeno y he venido a agonizar aquí, entre la injusticia y la perpetuidad de la tristeza.
LOS NOMBRES DEL AMOR

Cuando intentamos ponerle nombres al amor es cuando la fastidiamos. Apelativos dulces, impactantes metáforas o casuales bendiciones para justificar o maldecir aquello que nos vapulea la rutina y nos descerebra la mirada. El amor es lo que es y ya es bastante. Existe y se procrea, en sí mismo, como un multicultivo de frutas jugosas y amatorias de igual modo que como verdura agria y taciturna. Es la naturaleza en su máximo exponente de luz y alegría, es la procreación en la raíz y en el humo, es la gloria que nos acaba dignificando en los olvidos tétricos de un historia sin páginas ni memoria. Querer hablar del amor como se habla de las listas electorales, de los precios de las sandías o de las mesas de metacrilato, es como intentar atrapar oxígeno entre el índice y el pulgar, por mucho que los arrope el incisivo corazón. Por eso, el amor se nos muere intentando buscarle el sinónimo preciso o los tuperwares adecuados, o el arcón que contenga los griales más preciados... Las joyas, como las rebuscadas palabras, pertenecen al mundo de los codiciados vivos y el amor sólo es agua, instante, suspiro... ese beso que nunca dimos por temor a la condena de la indiferencia. ¿Por qué buscar caminos donde sólo existe la libertad del viento, del tiempo, del momento...?
(Me acurruco en tus brazos y sé que nada es real salvo este corazón que me late, siempre, fuera de todos los diccionarios.)
LOS MILAGROS DE LA ENERGÍA

A Pepe, a Puri y a Avelino... siempre.
Lanzo la mano y abrazo un instante de luz,
la clarividencia abismal del deseo y la esperanza,
el eco infinito de un arco iris lleno de segundos amantes
donde la vida se torna aurora de ilimitados balcones.
Abraza la soledad de este regazo que duerme,
corazón adentro, por los paisajes del silencioso sueño
donde un destino de latido oscuro
nos deja palpitando al borde de la tristeza.
Deja que una multitud de pájaros enamorados
hagan nido en tu esperanzadora voz de siempre-vivo
que ya viene el milagro, tejiendo energías que renuevan
esta luz de vértigos increibles donde nos encontramos.
Ven al día,
abraza el calendario,
retoma la sed y el viento,
vuelve a la luz de nuestros iris
que te seguimos esperando... siempre... siempre...
LA FE...

La fe es un sentimiento extraño. Tan pronto sabe a cera penitente como a campana de luz. Tanto suena a repique de mortandad y pecado como a júbilo anunciador de la primavera más limpia. Es la elástica moral que nos protege de hogueras imaginarias, el severo holocausto de bondades inminentes, el yo finito frente a la eternidad de un mundo con apellidos y bolsillos tan caducos como el olvido.
La fe es ese monosílabo persistente con el que nos abonan la infancia entre pecados y culpas que no nos pertenecen. Es la manzana que no comemos por alergia a las serpientes, la zarza que arde entre milagros sobre tablas y mandamientos irreconocibles, esos peces que se vuelven miles sobre panes, virtualmente, invisibles.
La fe es siempre ese íntimo momento que nos conecta a la infancia en la que creemos en la resurrección de la esperanza, en la verdad energética de los chicles de fresa o en el potencial nutritivo de los gusanitos con chocolate. La fe es ese latido impreciso que oscila entre un collar de macarrones, pintado con témperas, y ese pisapapeles con cara de payaso, hecho lentamente al calor de una imaginación temprana.
A pesar de todo la fe permanece, más allá de la crítica y la lógica, más allá de los escépticos y los pluscuamperfectos, más allá de los advenedizos y los inmortales... Debe ser una especie de virus que nos inoculan al nacer y cuya vacuna sólo nos hace efecto después de muertos... Creemos más allá de los pergaminos y los sacramentos, más lejos de los milagros y las divinidades, mucho más en silencio que los sánscritos y los exorcismos, más necesario que los palios y los griales perdidos.
Yo creo en ti, humanidad imperfecta y gloriosa. Creo en ti... y, hoy, también en mí.
FELIZ ANIVERSARIO...AMOR

Pues sí, Marichón, yo creo que la gente se complica mucho la vida con las cosas del amor. Y no decirte los bolsillos y el futuro, que los dejan temblando e inciertos en medio de hipotecas asfixiantes como condenas de muerte. Amar siempre es otra cosa, aunque no termine de gustarnos los cuadros del mantel, aunque algún vaso esté esportillado a causa de tanto lavarlo por miedo al virus de la melancolía. Sólo la muerte sabe de perfecciones, así que vamos a dejar que la vida nos invada con esa sarta de tropiezos y traspiés, con esos baches y embites desequilibrados y caústicos... Vamos a enamorarnos. Es como intentar estar a salvo de las alergias primaverales y las alegría veraniegas... por más que te escondas, un día viene la margarita del cariño y te llena de polen las agrietadas vísceras de la tristeza. Sus tentáculos llegan a todos tus rincones porque han cruzado todos los océanos en busca de tu nombre. Es así, ha sido así siempre y si, la depresión o el imperio americano no lo impiden, seguirá así hasta el florecimiento de humanidades eternas. Es el amor, Marichón, el que nos cubre y descubre, con los ojos velados en lágrimas de alegría inigualable. Mi madre suele decir que "siempre hay un roto para un descosido" por eso, cuando le encontré, cogí el costurero a toda prisa y, sin ni siquiera ponerme el dedal, empecé a tejer una sábana de lana y seda virgen, con bolsillos de esperanza y botones de paciencia... todavía sigo en ello, ya sabes que no soy muy diestra con la aguja y los tacones, pero, poco a poco, nos está quedando un ajuar de lo más cálido para los tres. El amor es eso... lo demás es sólo oropel que asemeja el fracaso de los infelices.
UN REGALO PARA MÍ... HOY
Hoy ha sido mi cumpleaños... Creo que soy de las que aparento menos de los que tengo y de las que sé más de los que pienso. Todavía me queda mucho para escribir mis memorias y demasiado poco para inventarme un epitafio. Por eso hoy quiero regalarme un momentazo de vida para que nadie dude que, a pesar de mis neuras y mis angustias, a pesar de mis pesimismos y mis tristezas, a pesar de todas las críticas, la hiel y las rabias contenidas: CREO EN LA HUMANIDAD... y sabed que siempre...siempre... podéis contar conmigo.
Y AHORA...¿QUÉ?

A Mario Benedetti, siempre
Me he quedado huérfana de versos y bocados en la nuca,
desamparada de acentos febriles entre las sábanas que supuran
incontables arrecifes de dilapidarias auroras.
Me he quedado desnudándome a medias
y ahora ya no sé si quitarme las bragas o buscarme un chubasquero para la tristeza.
Estoy inconteniblemente desamparada,
casualmente desmembrada por esta mortandad
que des-avisa esperanzas en los cáusticos vértices del silencio.
También yo quiero buscarme una memoria de olvidos
donde, desde los ataúdes, se respiren gladiolos con aroma a cercanía.
Pero sé que todo es mentira dentro de la absoluta certeza
que nos invita a pudrirnos, huesos adentro,
sobre las feroces alimañas de la decencia.
Y ahora...¿qué?...
¿qué hago con el abrigo de tu voz?...
¿qué hago con la brújula de tus ojos?...
¿qué hago con las perchas que dibujabas entre mis brazos y la vida?...
Y ahora...¿qué?
Y después... ¿qué?
Y eternamente... dilapidariamente... ¿qué?... ¿qué?... ¿qué?...













