FELIZ NAVIDAD
Una se cae, se resiente, se le pelan las rodillas, se le araña la mirada y a veces, sólo a veces, se le aclaran las ideas en un renacer de memoria y de nostalgia. Esperas, siempre esperas, ese gesto que se adelante a la caricia, que tenga tu huella y tu llanto, tu deseo inflamado sobre los pliegues de las necesarias banalidades. Se espera para desesperar y para tejer ausencias que nunca van a ser ciertas porque no nos pertenecen, igual que ansiamos esa Ítaca que sigue prendida a lo largo de nuestros sueños. Es esta impúdica desventura de hallarnos al filo del imposible aliento, ese que nos sigue rememorando paraísos que nunca han sido ciertos. Esperar es morir... destejerse eternamente para convertir el deseo en el verdugo que nos sepulta la libertad del presente.
La conozco desde que nació y todavía la sigo descubriendo cada día como si la experiencia de amarla no se agotara nunca, como si la aventura de descubrirla se hiciera nueva cada segundo, cada latido, cada exhalación de oxígeno que impulsa luz por las avenidas sanguíneas donde transita la esperanza. Recuerdo aquel día de junio en el que la muerte rondaba el Levante y las palmeras se entregaban al a la beatitud de los ataúdes. Ella, la aventajada Parca, se agazapaba en los rincones de los quirófanos como un espectro hambriento de vida y circulaba, impúdica y salvaje, entre el cloroformo y los algodones recién rescatados del viento. La conocí entonces cuando, enganchada a un alambre de vida, se defendía del llanto con la constancia del que se sabe poseedor de la semilla que germina sobre el surco del éxito. Superado aquel primer escollo, la escalera ascendente, sigue mostrándome el firme contoneo de sus pasos precisos, de su preciosa corola renacida del grito y esa vueltas de soga, con la que a menudo nos azota la vida, y en donde ella ha sabido bordar lentejuelas de carne enamorada. Sé que el tiempo nos ha elegido para habitar el mismo siglo y que la genética hizo su milagro por compartir sangre y sábanas, pero todavía me pregunto qué debo hacer con este jardín de azucenas que ha dejado sembrado en mi corazón de eterna adolescente enamorada, mientras sigo alimentando a los jilgueros que, como miméticas campanas, llevan su nombre y su eterna resurrección prendidos en el pico. La conozco desde que nació, hace ayer mismo.
Ya vamos...
Ya estamos llegando...
¿Podéis oirnos desde allí?...
Ya vamos...
Ya llegamos...
con la maleta cargada de aplausos y de abrazos.
Pues sí, Maripichón, últimamente me cuesta mucho escribir. Las reglas se me vienen cuesta arriba (las ortográficas y las otras) y ya voy perdiendo inspiración como si, en cada sílaba, me costara encontrar la raíz ignota del suspiro, el fonema crepuscular del abrazo o la diéresis simplista del aliento. Son muchas las preguntas y pocas las respuestas, demasiados acertijos para un corazón que, a veces, se cansa de latir de forma tan desaforada. Tanto escribir para llegar al mismo sitio: a la nada de un papel en blanco que, seguirá siendo virgen, sin los ojos del lector que los aliente. Que no, que no es cuestión de desánimo, es más bien azote de realidad, esa verdad que se nos cuela, como una culebrilla venenosa, por las arterías descreídas de nuestra alma. Y es que, además, este otoño me está siendo especialmente seco, tristemente dañino, absurdo e ilógico como hacía tiempo que no me sucedía. ¿A ver si va a resultar que hacerse viejo es ésto?...
LA LLUVIA
REANIMA
RESTITUYE
RESUCITA
RESCATA
REGENERA
REVERDECE
REDEFINE
REMODELA
LA LLUVIA
RESPIRA RACIMOS DE RAÍCES ROSÁCEAS
RESBALANDO SOBRE LAS RANCIAS ROCAS DEL RACIOCINIO.
Y si al final descubres que me amas,
veras lo difícil que te resulta convivir con mi recuerdo,
deshenebrar tanta impotencia,
hacer ovillos con tantos sueños
y, sobre todo, desenfundar el deseo
en columnas de cósmica desesperanza.
Vas a ver que toda paciencia es posible
menos la espera de lo ya cierto,
de lo presentidamente útil,
de lo caóticamente perfecto.
Por eso es mejor así,
el amor, a veces, es el freno de la luz
cuando todas las bombillas
ansían un paraíso de luciérnagas decapitadas.
Es verdad que a mí me hubiera encantado ser perfecta, 90-60-90, un coeficiente intelectual de 300 y unas rentas familiares, entre herencias y magreos varios, que superaran la crisis con una amplia sonrisa de mujer triunfadora, divina volátil, ajena a la conciencia generalizada del estiércol y la tristeza. Quizás mi vida sería más fácil... ¿o no?... Sería distinta y, seguramente, ya no me llamaría como me llamo... ¡qué pena!... Por eso, para intentar rellenar algunos poros afectivos, estirar esas patas de gallo galopantes o esta piel de anaranjados paraísos, a falta de siliconas, colágenos o presupuesto suficiente para visitar clínicas especializadas en bellezas momentáneas, yo me vuelvo poliadicta ya que una voluntad anárquica como yo, debe convertirse en el icono de una revolución mínima y diaria que me convierta en la Marianita Pineda de las amas de casa. Adicta al delantal y a las lentejas con chorizo, a las bombillas de bajo consumo y a las cestas de mimbre, a bordar versos en los dobladillos de las cortinas con lentejuelas celestes y a escribir nombres soñados en los cristales donde la lluvia canta sinfonías de otros mundos. Igual un día de estos tengo que ir a que me lo vean, al estomatólogo que cura con manzanas agrias o al cura de una religión castradora, como todas, que me haga un exorcismo para extirparme de raíz esta felicidad que me habita y me devora. No sé, quizás algún día vaya...algún día... cuando me muera y me reencarne en orondas cerezas.
No me canso de repetirlo porque sigue siendo un privilegio. Una de esas guirnaldas que te dejan ante la puerta una primavera cualquiera, con la miel suficiente para saber que los panales siguen vivos a pesar de tanta sequía creativa.
"El biógrafo de Nora Dalmet" se presenta en Elda, mañana viernes a las 8 y media de la noche en la Casa de la Viuda de Rosas, c/ Nueva.
Allí estará el autor, C.G. Bernabé, para firmar los libros y, sobre todo, para dar constancia de una eternidad modelada sobre los folios en blanco de la esperanza.
(Gracias Aurora por este regalo de vida, una vez más)
La ONU acaba de finalizar la encuesta más grande e importante de su historia.
La pregunta fue:
’Diga honradamente qué opina de la escasez de alimentos en el resto del mundo, por favor’
Los resultados no han podido ser más desalentadores.
La encuesta ha sido un total fracaso, porque:
* Los europeos no entendieron qué significaba ’escasez’.
* Los africanos no sabían qué eran ’alimentos’.
* Los israelíes no entendieron qué quería decir ’por favor’.
* Los estadounidenses preguntaban qué significa ’el resto del mundo’.
* Chinos y cubanos pedían que les explicaran qué significa ’opina’.
* Y en los Parlamentos argentino, colombiano, chileno, boliviano, peruano, brasileño y venezolano, se sigue debatiendo al día de la fecha qué coño es eso de ’honradamente’.
No he querido coger el teléfono. Sabía que era ella pero lo he dejado sonar hasta que la soledad ha inundado el espacio con un llamamiento agónico de distancia y olvido. Sabía que la ira naufragaba entre el alambre buscando una culpa que no es de nadie, que no reconoce el viento, ni siquiera esta desazón de tiempo perdido, invertebrado y difuso. Al final, el monótono latido del timbre se ha hecho habitual entre la sopa de letras y la media naranja -zumo almibarado de agria costumbre-. Al final, cuando deja de sonar, sólo resulta una pausa desgarrada que abre heridas, silenciosamente, más allá de todo perdón. No he querido coger el teléfono y, por primera vez, no me siento culpable.
"El ordenador es masturbatorio.Estoy tan fascinado con él que a veces escribo por el puro placer de usarlo. Cuando usted me llamó por teléfono para pedirme esta entrevista, mi primer impulso fue proponerle un artículo, precisamente a causa de ese goce. Me tengo que contener. ¡Me pongo a dieta!" (Umberto Eco)
"Escribir era lo único que llenaba mi vida y la alegraba. Lo hice. La escritura no me ha abandonado nunca." (Marguerite Duras)
"He llegado a construir la parte central de un poema mientras hablaba durante ds horas en una reunión de negocios. Muchos de mis versos están compuestos mentalmente mientras realizaba otras actividades cotidianas, conducir, ducharme, asistir a reuniones. Se puede estar hablando con alguien y pensando en el poema. Es, además, bueno para el poema. En fin, hubo una época en que me pareció descubrir que siempre que iba a un bar, después al volver a casa escribía bien." (Jaime Gil de Biedma)
"Me gusta llevar una vida ordenada, en todos los sentidos. La inspiración por sí sola no sirve para nada. Hace falta disciplina: tienes que quedarte en el escritorio aunque no se te ocurra nada." (Ken Follett)
Poco a poco voy encontrando algunas respuestas. Así, despacio, con la lentitud justa del que espera saber algo nuevo algún día, con la prisa necesaria del mortal que conoce sus horas contadas. Descubrir, amar, reinventar pero, sobre todo, reconocer el espacio donde poder respirar. A mí me sucede como a ciertos peces. No me vale la pecera, ni siquiera el acuario esmaltado con piedrecitas al fondo, tampoco me basta el estanque dorado donde los niños van a tirar migas y los enamorados monedas. Como cuando el pez ve el mar y reconoce su casa, así me pasa a mí cuando voy al teatro, cuando amo lo que veo y cuando los actores se convierten en mis hermanos. Así me sentí ayer. De vuelta a casa, a mi oxígeno, a mi luz... regresada y enamorada, nuevamente, bajo el manzano que nos invita a buscarnos la enrevesada llave de todo destino.
Gracias Pepe, gracias Héctor.
He llegado al teatro para trabajar y he salido bendecida, inmaculada, libre de culpa y de pecado, casi virgen desde las arterias de la luz, desde el útero sempiterno en la primera bocanada de oxígeno y vida. Estos niños me han ganado el corazón y aquí estoy, todavía sin descender del todo, prendida en un alambique donde se destila la esperanza y la ternura.
Para Mercedes
De vez en cuando suceden estos vientos y una amanece con el flequillo levantado y el verso en la cintura. Es la revolución de la madreselva y la ascensión de las luciérnagas, es la íntima conjugación en el verbo preciso de la memoria que, escapándose de su propia clarividencia inventa túneles por donde escapar de este rutinario enunciado de sollozos interminables. Esta noche he visto como los cadalsos caían por su propio peso de culpabilidad reiterada... Lo triste es que no había casi nadie para enterrar los escombros y las hogueras, los huesos y la memoria, los bolsillos desbordados de añoranza congénita. Hoy te he visto agrandando el latido, inflando la sed que provoca la sangre que circula avenidas de esperanza y he vuelto a crecer, creyendo, a dejar la semilla, a soplar sobre la bombilla que ilumina las mentes encorsetadas de indiferencia. Quizás algún día, antes de morir de desesperanza o de que el hígado explosione, encontremos una llave, una respuesta, la fuente voluntaria o la raíz azul que hilvana nubes enamoradas de humanidad creciente. Mientras tanto, la utopía sigue planeando como un buitre que espera el eterno descanso de los sueños.
A veces hay que elevar el pensamiento
hasta el más profundo de los pozos.