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SUPERVIVENCIA EMOCIONAL

COTIDIANA ETERNIDAD

EL TEATRO DE LA CÁRCEL

EL TEATRO DE LA CÁRCEL

Existe un rock de la cárcel, un coro de la cárcel, una cárcel modelo, la "cárcel de papel", "el patio de mi cárcel" y hasta una "cárcel de amor" pero además, a partir de ayer mismo, existe el teatro de la cárcel o, lo que es lo mismo, cómo divertirse haciéndo de la creatividad un símbolo de libertad tras las rejas infranqueables de la prisión.  Para ser mi primera experiencia trás los muros del penal fue mucho más que satisfactoria, sobre todo cuando una tiende a valorar la vida como un camino de sinuosos vaivenes en los que cualquier contratiempo puede ser, también, una puerta abierta al crecimiento personal. Vamos que, al final, una acaba quedándose con lo bueno: con esos ojos chispeantes por no haber olvidado la única frase en toda la obra (a pesar de la medicación); con ese gesto, entre sereno y excesivo, que refleja una esquizofrenia controlada; con ese grácil contoneo entre bambalinas que da la metadona. Me quedo con esa caricia en forma de aplauso, el abrazo que descubre vidas truncadas para siempre, ese reconocer mundos parejos a la soledad de mi llanto. El Taller de Teatro P.A.I.E.M.-C.A.M. del Centro Penitenciario Alicante II se hizo meritorio de las unánimes felicitaciones que recibieron de los que allí asistimos (seguramente, la mayoría de estas personas, era la primera vez en su adulta vida que recibían un mínimo gesto de cariño). Los agradecimientos serían eternos, desde los propios funcionarios (incluidos los jefes) que nos allanaron el tortuoso camino a la entrada de las rejas como a la salida al gélido viento levantino; a las doctoras, a los auxiliares, a Merche que anda donando utopías hasta donde le deja su entidad bancaria; a quien preparó ese super-aperitivo de refrescos y empanadillas, como si de una boda se tratara (ya se sabe que para ellos cualquier cambio en la rutina es más que fiesta nacional); a José Manuel González, preso y reciente actor, que leyó mi poema "Fumar mata" con esa habilidad que sólo conciben los inocentes o los enamorados; a mis compañeros de viaje: Javi, Sebas y Loren por hacerme más leve ese tránsito al mundo desconocido de las rejas; pero, sobre todo, gracias a la directora de este taller, que yo sé que ha sido, además, medio bruja, medio consejera, medio hada y, sobre todo, conseguidora de que el "Bar Sonrisas" se llenara, de verdad, de cálidos latidos con los que seguir trabajando, creyendo y esperando que, en cualquier rincón de la vida, existe un mundo mejor. Gracias Begoña...

MUSEO DE CERA

MUSEO DE CERA

Sinceramente, todavía no entiendo esta moda de importar festividades desde lo más profundo de la banalidad humana, con todos mis respetos. Lo de Halloween, con sus toscos disfraces y sus terroríficas noticias, lo tenemos a diario, con asomarse a la ventana cualquier mañana o encender a tele en hora punta, tenemos motivos más que suficientes como para que el corazón se nos quede, temblando, al borde del infarto. Yo recuerdo esta noche entre fantasmagóricas sombras que dejaban las velas pululando en el techo, mi abuela llenando los bajos del fregadero con aquellos diminutos cirios que, flotando en un cuenco con agua, iluminaban la senda de los ya ausentes, de los por siempre idos. Un trajín de flores esperando pacientes a ser colocadas en sus respectivos nichos, el paseo por el cementerio, la sorpresa de encontrarte con vivos que hace un siglo no veías y la tristeza de hallar, en miméticas fotografías, amigos que ya no verás nunca. Ahora la historia es otra. He de decir que no me molesta del todo este giro que se le ha dado a la festividad de la muerte. A ser sincera, me compensa más. Hace años que andamos trabajando en la loable labor de aterrorizar a todo ser viviente que osa acercarse al Centro Cívico y Juvenil de Elda, las noches de difuntos. Mi hermana Clarisa, con su desbordante creatividad, consiguió crear un buen aliciente dirigiendo a un numeroso grupo de jóvenes que, poco a poco, han ido creándose un espacio entre las míseras alternativas que ofrecen siempre los políticos. Ahora el testigo está en manos de mi amiga Bego Tenés y yo, como siempre "guionizando", jugando, escribiendo entre la vida y la muerte, entre lo real e imaginario, entre verdades que pueden ser o deberían ser o, sencillamente, nunca han sido. Esta va a ser la creación de esta noche: un museo de cera donde nada parece lo que es y, quizás, todo sea mucho más de lo que aparenta. El terror está servido.  Estáis todos invitados...

MEMORIAS

MEMORIAS

Estoy pensando en escribir mis memorias, y no me vengas con el cuento ese de la juventud y de toda la vida que aún nos queda por vivir, por saborear e, incluso, por maldecir. Que una ya tiene su edad, Filomena, además la parca no conoce de números ni de tersuras faciales, incluso, a veces, no sabe ni lo que se hace... que te lo digo yo, que por ahí pululan demasiadas muertes  injustas e inocentes. Es como si fuera al ritmo de la Bolsa, a tontas y a locas, llevándose cualquier aliento en sus alforjas desenamoradas. Yo, por si acaso, voy a ir contando esas cosas que me han ido pasando en la vida, igual no le interesan a nadie (será lo más probable)... pero yo voy a ir tomándole un pulso a la experiencia. Hay días en los que se tiene la sensación de que andas medio virgen, fresca y lista para estrenar, como recién caída de un guindo; otros, en cambio, te sientes floja de ánimo, soporífera en la hondura de las entrañas, cansada y pesarosa como deseando un desenlace rápido y contundente; pero resulta que también existen esos otros en los que desempolvar la balanza de los años y ponerse a calcular minutos de alegría y segundos de tristeza, ventanas de invierno frente a las puertas del verano, heridas y lágrimas junto a sonrisas y cicatrices. Es la vida, Filomena, por eso quiero compartirla con todo el mundo y, sobre todo porque afortunadamente para mí todas las experiencias me han sido propicias. Es lo que tiene nacer bajo el signo de la abundancia onírica, que incluso las pesadillas tienen su falsa realidad.

ESTE JUEVES

ESTE JUEVES

Me gustan los jueves. En realidad es este jueves el que me gusta. Apenas una tímida ventana por la que asomarse a la tibieza del otoño, un pálido reflejo de futuros temblores y la serenidad de un día laborable con el ronroneo de la vida fabricándose segundo a segundo. La sopa anda macerándose en los miméticos fogones, ya empieza a hacer hambre de viandas calientes, de cucharas profundas entre el naufragio de las orondas legumbres; así una reconoce su hogar entre los millones del mundo porque huele a estofados de caricias y a macedonias de caramelizadas auroras. Este jueves es distinto en los vértices de un calendario que ya andaba repitiéndose en la lágrima. ¡Qué tristeza de días que se ha llevado el tiempo a las alcantarillas del miedo! Al final tengo que darle la razón a aquel sabio que nunca se cansó de repetir: "Sólo somos lo que reímos. El único pasaporte humano para entrar al paraíso, es el sonido de  su risa contagiándo primaveras." Pero hay días para todo y para todos. Afortunadamente hay jueves con lluvia y jueves con sol, jueves de bocadillo o jueves de paella, jueves de carcajada o jueves de interminable llanto. Afortunadamente sabemos que vivir es como andar batiéndose, día a día, con la aspereza del camino que, tan pronto se estrecha hasta ahogar el paso o se inventa avenida por donde deslizarse a zancadas dulces. Sólo si te inventas la sorpresa, si no pierdes la capacidad de asombro o la esperanza en la locura, la vida se vuelve más transitable, más digerible, más reconfortante y tentadora. Por eso me gusta este jueves de hoy, porque me recuerda, también, a esa publicación gamberra que tantas polvaredas de tristeza ha levantado de mi alma. Y está claro que lo que no te hace feliz te mata, lentamente, eso sí, con la agonía persistente de la infelicidad crónica y para eso, todavía, no han encontrado vacuna. Me gusta este jueves, ahora sólo espero que para vosotros sea igual de insignificantemente transcendente como lo es para mí.

A REÍR QUE SON DOS DÍAS

A REÍR QUE SON DOS DÍAS

Ya veras, Belencita, cuando pasen estas tormentas lo mucho que nos vamos a reír de nuestras lágrimas. Acabaremos navegando por ellas con la certeza infinita de haber conquistado nuevos paraísos, tierras frutales donde descansar de tanta lamentación absurda, de tanto pellizco divino que, disuelto en la propia duda del alumbramiento, nos conduce a parajes plenos donde enamorarnos del aire que nos habita. Sólo necesitamos el oxígeno para alimentar los pulmones y una caricia, de vez en cuando, como vianda para el alma. Los pobres nos conformamos con poco por eso seguimos siendo pobres hasta el final de nuestros días. La risa es gratis y es el mejor antídoto para esas tristezas que se ubican corazón adentro, enraizándose con recuerdos persistentes que ya no destilan esa fragancia a infancia cándida. La melancolía es un misterio para la sed humana, ocupa los cántaros, rebosa las fuentes y todo cuanto destilan sus cuencas es un acibar íntimo de caústicas desolaciones. Pero nosotras sabemos, Belencita, que tras esta hoja de calendario, gris e impredecible, viene una jornada festiva de descanso merecido, de atropelladas sonrisas en las cimas del encuentro, de abrazos multitudinarios en la conformidad de un presente cada vez más cercano a la experiencia. Si de algo estoy segura es de que seguimos siendo supervivientes de la lágrima como lo fuimos de la batalla de las termópilas, ¿te acuerdas?... el ser humano siempre remonta las desgracias a fuerza de alegría incontrolada.

ALGÚN DÍA

ALGÚN DÍA

Todo volverá a su sitio, Marianela. Algún día dejará de llover melancolía con esta intensidad tan inusual por estos lares. Algún día tendré efectivo suficiente para arreglar el tejado de mi casa, hay ladrillos que andan tambaleándose en las paredes de mis neuronas y ya empiezan a verse los desconchones por entre las grietas de mis pestañas. Algún día renacerá ese hábito de sonreir sin motivos, de lanzarse a la aventura de la vida, sin precisión ni orden, de ponerse a rezar versos profanos en las sacristías de los bares. Es cuestión de tiempo, Marianela. Yo sé que ahora te agobian los atardeceres, incluso el alba te enrancia el abrazo y no hay bienvenida que te sea propicia para remontar el día. Lo sé porque lo padezco, aunque intente disimular por el bien de mis retinas. Es el otoño del mundo que camina cabizbajo hacia una tristeza persistente, armado hasta los dientes con navajas y soberbia. Es la desolación del ser humano, el cataclismo de la esperanza o el reinado pertinaz de la monotonía que no cesa en construir barreras de silencios infinitos. Pero todo pasará, Marianela. Cualquier día de estos, el menos esperado, nos sorprenderemos cocinando amatistas y amapolas en mitad de los fogones enamorados; las lluvias volverán a su cauce de fertilidad insistente y volverá a sonreir el horizonte cumpliendo la ley de la inmortal sorpresa. Algún día tendremos razones suficientes para no lamentarnos de tanta tristeza mientras tanto, abre el paraguas que parece que vuelve a diluviar.

POR FAVOR... NO MOLESTAR

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Mira Cloti, se pasan épocas como pequeños naufragios, declives emocionales que vagan, como sin rumbo, por la ajetreada civilización del tránsito sanguíneo. Es andar perdida con los pies de la memoria o dar zancadillas con los latidos de la esperanza. Una sólo quiere colgar un cartel entre las retinas que diga: "Por favor... no molestar". Para que nadie te pregunte cuando advierta esa implacidez oceánica que producen las lágrimas contenidas, para que nadie te imponga esos divinos consejos que, más que para aliviarte, suenan como a reproches de fe ahogándose en el olvido. Ahora no necesito nada, Cloti. Tengo suficiente café en la despensa, pañuelos recién planchados en los cajones y las sábanas recién oreadas arropando el lecho como un nido de frutal acogida. El silencio es ahora mi mejor aliado porque cualquier palabra suena a perdón o a disculpa, a pecado o a insulto, a inquisitiva intolerancia hacia mi destino. Si no hablo no tengo que pensar y es mejor así, ya ni siquiera quiero ir cazando versos por las esquinas de mi alma pues los únicos que vuelan, últimamente, son diminutas aves otoñoles con los ojos vendados por la tristeza. Y yo no quiero ir regalando pozos de amargura, bastante tiene cada uno con su propia nocturnidad anímica. Mira Cloti, que debe ser el cambio de estación, el agotamiento en el camino, la desesperanza cabalgando futuros inciertos o, qué se yo, esta costumbre mía de cuestionarme cada gesto como si la salvación del mundo dependiera de mis ánimos. Yo voy a tomarme mi pastillica que me ha dicho el médico que con paciencia y seis meses, igual, no me tiene que subir la dósis.

BENDITO OTOÑO

BENDITO OTOÑO

Ya nos llega el otoño, Rosarito. Yo sé que a ti no te gusta mucho esto de que se alarguen las mangas y se acorten los días. Lo sé porque tú eres hembra de verano, de escotes amplios como bahías de nenúfares y canalillos alegres donde las miradas se cuelgan como racimos de uvas dispuestas para el vino. Toda inmensa eres un escaparate de luz temprana, ofreciendo la lustrosidad de unas carnes prietas y dispuestas para el hambre. Tú, que eres de risa inquieta y humor grácil, disfrutas con la alegría superficial y profana de los días veraniegos, esa efervescencia polifacética, la sorpresa salina de los mares inventados y esos días que, eternizándose, se despliegan en noctámbulos deseos que se infiltran, como la arena, por entre la memoria del olvido.  Pero en cambio yo, ya me conoces, soy adicta a las melancolías profundas, a los árboles desarropados y a los ocres que tiñen las avenidas inmersas en el silencio. Yo soy de abrigo y cuello alto, prefiero la lana en los pies que la desnudez de las sandalias, el café caliente de las tardes a los insomnes helados de vainilla. A todo ésto añadimos que mis carnes van perdiendo, a medida que se cumple el calendario, la lustrosa rigidez del ímpetu recién estrenado. Ya ves, para algunas la vida nos pasa imprimiendo sus huellas con plomo certero y para otras, como tú, sólo os surca un rumor de arcángeles con el grácil vuelo de una mariposa. No me extraña, no me quejo. Tú sabes, Rosarito, que a menudo las lágrimas me sorprenden en mitad de un sueño, que me olvido de regar las entrañables amapolas de la esperanza o que, por descuido, dejo de sofreir la benevolente madreperla. Suelo ser más generosa en pozos que altruista entre las fuentes. Si me buscas, andaré por aquí: asomada a la ventana donde se desenamora el aire, escapándome del humo donde se engendra la acacia o tejiendo soledades en mitad de un huerto de magnolias. Siempre habrá un cuenco de castañas asadas, una palabra prendida en el hogar encendido, una ilusión sin vencer tiritando en el ocaso. Si vienes, Rosarito, no te olvides de traerte los iris esculpidos de luz. Llámame antes, ya sabes que detesto que me pillen de improviso enhebrándo atardeceres sobre un tímido horizonte de hojas desgastadas por el viento.

EN EL MERCADO

EN EL MERCADO

Póngame dos lonchas de confianza, de esa deshuesada, con aroma a eternidad.

Como cuarto y mitad de frambuesas líricas.

Dos racimos de esperanza y un tarro de pimienta y versos.

Me gusta venir al mercado para asomarme a la vida.

Hoy tengo invitados y mis viandas tiemblan  con el habitual hastío

de la soledad que supura salsa de nueces amargas.

Ese queso parece fresco, como recién ordeñado del aliento,

y a través de esa manzana se ve la lluvia,

la que va empapando verdades a medias,

la que inmortaliza semillas huecas de sufrimiento y penitencia.

Me gusta venir al mercado para desnudar los sueños.

Quizás unos crustáceos, felizmente enamorados,

que sepan tonadas de corsarios tuertos y salvajes.

Con unos gramos de cordura tendré bastante, la suficiente

como para no agriar una velada de inhóspitos abrazos.

Esas frutas parecen rescatadas del más febril deseo,

con una pieza tendré bastante, no quiero abusar de las llamas,

sólo el pecado, en pequeñas dosis, resulta digestivo.

Una pizca de tomillo, dos gotas de puro oxígeno, aguacate y somnolencia

y esta túnica desinhibida macerando en la memoria.

Me gusta venir al mercado para arrastrarme por el mundo,

para mezclarme entre la mercancía, para hacerme comestible y digerible,

sabrosa y entrañable,

para soñar que yo también puedo ser apetitosa si me lo propongo.

ESCUCHA EMOCIONAL

ESCUCHA EMOCIONAL

Me gusta escuchar detrás de las puertas:

la embestida del viento llamándome por mi nombre,

por el auténtico, por aquel que ya no recuerdan mis neuronas pero añoran mis deseos.

La respiración de mi hija, el volteo del oxígeno inflándola toda,

independiente, magnánima,

todopoderosa en un mundo de poderes contrariados.

El leve ronroneo de los labios amantes,

la saliva cuajándose  como racimos de grosella entre la pelvis adormecida

por el sopor del deseo.

Las lenguas amigas prodigando rezos inventados,

letanías domésticas en habitáculos de gozosa aurora,

versículos inmersos en la febril confidencia del amor ígneo de espumas.

Me gusta escuchar detrás de las puertas

porque cuando nadie escucha

parece oirse sólo, la voz de un dios enamorado.

EL OTOÑO VA A LLEGARRRRR

EL OTOÑO VA A LLEGARRRRR

Que sí, Julieta, que debo ser la persona más rara del mundo pero, ¿qué quieres que te diga?... ya estoy hasta la sombrilla de este sofocante verano, de las vacaciones laborales, de las vacaciones escolares, de las no mangas, de la no lluvia, de la escasez de normalidad en la vida y en la historia... que sí, que debo ser de lo más aburrido y cotidiano, pero ya me conoces, yo soy de novedades variadas y rutinas sorpresivas, pero con un orden lógico y pausado. Que todo ésto está muy bien para la gente que maneja los euros como yo las lentejas, que estos calores en el Caribe no son lo mismo, me digas tú lo que me digas... y quien dice en el Caribe dice también en Santa Pola o en Riazor o en el propio Salou... que ya sabes que yo soy geográficamente abierta y tanto me da que la cerveza fresca me la pongan a la derecha o a la izquierda del mapa mundi. Pero es que esto de estar encerrada en casa treinta días con sus treinta noches de sofocos y calenturas, con el ventilador que hecha humo y las varices a punto de explosionar, ésto, perdóname, pero ésto no son vacaciones ni Dios que lo fundó... Así que a ver si empieza ya el bendito otoño, con sus melancolías, sus hojas amarillas cayéndose de los árboles, sus días grises, esos tonos en el paisaje tan de recogimiento y, sobre todo, esas ollicas de comida con fundamento, esos niños dando la lata en el colegio, ese marido con sus labores laborales, esas mangas que esconden los michelines de agosto... eso es vida y lo demás, caprichos pasajeros... Con algo me tendré que conformar, ¿no te parece Julieta?.... Y digo yo...siempre con la misma duda... ¿tú eres de los Capuleto o de los Montesco?...

PATIO VECINAL

PATIO VECINAL

Este patio vecinal en el que vivo es, al fin y al cabo, como el propio mundo: cada día está peor. Yo conozco a mis vecinos por sus gritos, por sus peleas, por sus llantos... los besos no se oyen, ni las risas, ni esas alegrías nocturnas de caricias y envites pasionales. Sólo se pueden sentir los recelos y los miedos, estan prendidos en el aire, oreándose entre las sábanas y los calcentines tendidos al sol, esperan secarse, desecarse, amojamarse, amortajarse y olvidarse. Pero el olvido no llega, ni la distancia, tampoco el perdón se acomoda entre las cortinas ni inventa brisas suaves la necesaria tolerancia; nada que no sea el reproche, el grito, la angustia... nada que no signifique dolor convive en este patio vecinal que es, mundo interno, galáxia exterior, expandida soledad en un universo de individualidades dispares.

INSOMNIO VITAL

INSOMNIO VITAL

La vida está llena de días y noches sin dormir, te lo digo yo Margarita. Cuando eres joven porque tienes mucho por decidir en tu futuro, cuando eres vieja porque ya, las decisiones, las toman por ti. Cuando tienes niños pequeños porque te lloran, cuando los niños son adolescentes por si estarán llorando, cuando no tienes niños, la que llora eres tú. También no puedes dormir por los vecinos o, incluso, por la falta de los mismos. No puedes dormir por el tráfico, por los pájaros, por los perros, por el camión de la basura, por el del contenedor del vidrio... por la ausencia, por la cercanía, por el amor no correspondido, por el sexo desbocado, por los sueños etéreos y las pesadillas febriles...  por las deudas presentes y los impuestos venideros, por el paro, por la inflacción desconocida y la hipoteca persistente... porque todas las preguntas vitales, las de sin solución, las místicas y profundas se te ocurren en pleno sueño y te hacen abrir los ojos como un resorte de supervivencia... Que te lo digo yo, Margarita, que todavía no conozco a nadie que no sufra de insomnio vital, de pesadillas sociales o sueños semi rotos, que la condición humana es así, por mucho que los psicólogos nos quieran convencer de lo contrario, somos seres de poco reposo y mucha urgencia, como si la vida se nos fuera a consumir en uno de esos viajes oníricos. Yo casi me apunto a lo que decía mi abuela Concha: "ya dormiré bastante cuando me muera"... ¿tú crees que será verdad eso de que morirse es como dormir?... es que no estaría mal que alguno, de vez en cuando, se echara a dormir una temporada. 

SIN NOTICIAS

SIN NOTICIAS

Una quisiera levantarse por las mañanas y no tener noticias.¿Te imaginas?... Noticias de nada, de nadie... Ya te lo dije el otro día, Luisita, si me viste llorando visillos adentro, cornisas arriba,  no me hagas una crónica en el noticiero vecinal de la mañana, tampoco si oiste mi risa colgando de las perchas o subiendo escaleras invisibles entre el ático y la cocina. No es necesario hacer un espectáculo de la alegría ni de la tristeza, digo yo. Quizás lo mejor es sentarse a meditar, invertarse oraciones como versos inapropiados para la salud espiritual de los muertos y beberse un sueño, como un último trago, por la incorruptible salubridad de su memoria. Es lo que tiene saber de todo un poco y de mucho nada, ser especialista en rumores y catedrática en ocio visual, al final... Luisita... todos a la misma fosa de desengaño. Yo no quiero ser periodista, ya me conoces... (¡Dios me libre de sus letras y sentencias!),  pero a las personas de la calle nos unen los pequeños comentarios cotidianos, las grandes tragedias ajenas y los mínimos secretos vecinales. Hay días que una quiere levantarse sin noticias, sin muerte, sin vida... Luisita... ¿qué tal un café? y, por cierto, ... ¿cuánto hace que no te enamoras?...

RESACA POSTBODA

RESACA POSTBODA

Ay, Damián, esto es, precisamente, lo que menos me gusta de las bodas: el día después, esta descomposición muscular, este vaivén de neuronas entumecidas, esta vaguedad imprecisa de recuerdos recientes y olvidos pausados e incoherentes. Esta pasta en la garganta como de cemento de diseño, mitad suflé de marisco en los entrantes y cloro de piscina en los salientes. Y tanto hablar confidencias que a nadie le importa, intentando salvar planetas en galaxias remotísimas, exaltando la patria intocable de la amistad ilimitada, como si eso fuera patrimonio único de la debilidad ebria que se asoma en los postres. Para cuando una se quiere dar cuenta, ya es inevitable el descenso al infecto averno y se descubre, a si misma, bailando el pasodoble aquel que repudió por principios morales y vergüenzas históricas... ¡Cuántas cosas se quedan latiendo en las servilletas plegadas en forma de abanico uniforme!... ¡Cuántos proyectos, tan hermosos como fugaces, se quedan flotando en la salsa amorfa de un cordero con sabor a pescadilla refrita!... ¡Cuántas palabras iluminando salones de amplios encuentros donde perderse es lo más fácil y encontrarse, la misión imposible del día!... Yo no sé si a ti te pasa esto hoy pero a mí me sucede que tengo, a pesar de la rotunda desertización imaginativa, un regusto sorpresivo de vida, todavía, por estrenar; es como si me sorprendiera a mí misma con la esperanza ingenua de una fe firme y duradera, como si hubiera retomado, por lo pelos, un mundo que ha sido mío siempre y que yo he olvidado demasiado pronto... Ay, Damián, por esto es por lo que una vive, lo demás, ya lo conoces: especulaciones cardiacas, hambrunas espirituales, heces administrativas, infartos financieros entre pulmones encharcados de responsabilidades divinas... ruedas de molino que acaban cumpliendo años entre la soledad y el hastío. ¿Qué más da que hoy seamos un símil de escombro adulterado por el paso infalible de los muchos meses trabajados y las eternas dudas presentidas?... ¿Qué importa que nos acabara pillando el tranvía de la madrugada fumando las sustancias ilegales de la utopía?... Somos lo que somos y por eso nos queremos, al fin y al cabo la única guía a la que veneramos, con profunda devoción, es la santa libertad... está claro, el mundo es de los cómicos, los poetas y los locos y tú y yo sabemos de eso y, para colmo, lo aceptamos con total naturalidad como el que nace con una lacra de siglos temblándole en el coeficiente intelectual de la alegría. Ay, Damián, querido... son estos días de resaca en los que me siento más cerca del Dios Amor (y para estos trastornos amatorios no existe ni matrimonio perfecto ni gelocatil eficiente.)

ALERGIAS DE ÚLTIMA GENERACIÓN

ALERGIAS DE ÚLTIMA GENERACIÓN

Pues sí, Jacin, que las alergias también han cambiado una barbaridad, que ya no son lo que eran. Que ahora ya no es el caso de que no puedas comer cierta clase de fruta o el picotazo de algún insecto mal intencionado o el dichoso polen, que cada vez hace sus viajes más largos... Como todo en la vida, las bacterias, los bacilos y los microbios, en plena explosión de desarrollo cívico y social, se van haciendo cada vez más y más inmunes y mucho más fuertes y resistentes que hace unos años y, si me apuras, unos siglos. Por eso, confiamos en la industria farmaceútica que tan millonaria se está haciendo a costa de estos grandes o pequeños males... que para mí, así entre nosotras, yo creo que son ellos los que alimentan a estos microbios para vendernos sus carísimas pócimas... Pero no iba yo hoy a eso... que sabemos que las enfermedades, como tal, van cambiando, se mutan, se desmutan y se inventan así mismas a lo loco... Yo hablo de otras alergias que voy observando a lo largo de mis días cotidianos y laborales... tú sabes que observar es mi modo de vida, que yo sin mi ventana soy como trucha sin río... ¡Ya estamos...que ser cotilla es otra cosa!...yo mejor me defino como "filósofa de las pequeñas importancias"... A lo que iba... yo creo que se han creado alergias nuevas, modernas, de diseño... de esas que, incluso, quedan hasta bien cara a la sociedad, relegando al papel de idiotas, antiguos u obsoletos, a aquellos que no las padecemos o, a saber, gozamos... Te pongo un ejemplo: yo tengo una vecina de tiene alergia a tirar el papel para reciclar en el contenedor correspondiente, en cambio, lo deja donde primero le pilla: una papelera, la bolsa de restos orgánicos, en medio de la acera... Otra, tiene alergia a dar los "buenos días" cuando te cruzas por ella en la escalera, igual es que la alergia le obstruye la memoria y ya no reconoce ni siente ni padece... El de enfrente le produce alergia si no aparca su coche en el sitio reservado para los minusválidos y al de la esquina, le da reacción, si, aparcando en doble fila para no tener que andar mucho hasta el portal de su casa, acompaña a los tremendos bocinazos con insultos a cual más subido de tono... Y así podría estar hasta mañana o más allá... que las hay también de los de la cola de la carnicería, que si no se cuelan les salen unos sarpullidos como cráteres infernales... o las que tienen que sobar todos los tomates de la cesta para llevarse uno o ninguno... ¿y esta moda infernal de ir lanzando esputos como el que va regando huertas en el asfalto?... Que sí Jacin... que a mí ya me han convencido... que debe ser cosa de la mutación de los genes o del desvarío de las neuronas... el caso es que tanta mal educación, tanto incivismo y tanto desrespeto sólo debe ser causa de las alergias de última generación... en fin, esperaremos a las vacunas. 

ORGULLO LÉSBICO

ORGULLO LÉSBICO

Se lo dijo con los ojos a media voz y la palabra cegada. Mamá que creo que... me parece que...soy lesbiana. Vale, pues muy bien, pues sí, pero ¿te tengo que seguir bordando el ajuar?... a mí no hace falta que me vengas con juegos de palabras jeroglíficas, ni con dobles sentidos escondidos en pecados que ya no sé si son, si van a ser, o si han sido mortales algún día (tanto cambio en los catecismos me están quitando la fe a jirones de racionalidad...),  a mí lo que me interesa es que me digas si siendo lo que eres, te tengo que comprar la plancha a vapor o la de enchufe de toda la vida que igual te servía para quitar una arruga que para descongelar el pescao... Mira Clarita, a mí me da igual a quien tú metas en tu cama, yo te aconsejaría que sea la misma que metas en tu corazón, pero lo que quiero saber es qué iniciales tengo que bordar al lado de las tuyas o si lo prefieres pongo XX y así tú ya te apañas como quieras con aquello del anonimato y la reserva de la privacidad de la propia e íntima identidad sexual. Y ya que estoy con la aguja en ristre, ¿qué te parece si pongo tu nombre en todas tus bragas?... mira que los heterosexuales lo tenemos más fácil: unos gallumbos serán más o menos delicados, más o menos modernos... pero siempre se distinguirán por esa bolsica "recoge huevos" de toda la vida; pero vosotras dos amontonando bragas y tangas, ya me dirás como reconoces los tuyos, yo si quieres, que no me cuesta nada, hago lo que hacía como cuando ibas a la escuela, te pongo el nombre en punto de cruz y se te quedan los tanguicas, además de reconocibles, bien fusionaos con la vida moderna y la de antaño...¿Qué te parece?...  Por cierto, que estoy pensando yo... ¿cuántas sartenes para tortillas tengo que compraros?

ALEGRIAS DIARIAS

ALEGRIAS DIARIAS

Ya estamos a primero de mes, Pilarín... y mira que me gusta a mí bien poco eso de cumplir tiempos indefinidos, porque una, a estas alturas, ya no cuenta con la lógica y la exactitud de las matemáticas, lo hace con el albedrío y la anarquía que su propia naturaleza egocéntrica le hace entender... vamos que si puede restar en vez de sumar, pues casi que mejor... Yo no es que tenga complejos con mis años, tú ya me conoces, que si por el calendario, propiamente dicho, tengo unos cuantos, por mi locuacidad interior y mis ánimos esfervescentes tengo muchísimos menos, que ya quisieran algunos jóvenes poseer en sus entrañas estas esperanzas y estas alegrías que a mí me invaden. A mí lo que me desconcierta es esta fugacidad en los días, estas prisas para nada, estos estreses vespertinos que arrastras hasta la noche como una condena de vida... ¿Verdad que no es lo mismo comerse un melocotón tranquilamente, saboreándolo con gusto, masticando con sus pausas, acordándose de su padre árbol que está tan tranquilo en el campo... y relajarse... extasiarse... qué hacerlo, como lo solemos hacer, con las prisas del hambre, devorando como sin ganas, atragantándonos, no sabiendo si era un melocotón o una ristra de longanizas... engullendo como esos pobres pavos que comen impulsados por la propia naturaleza...? Pues lo mismo pasa con la vida, apenas la disfrutamos, no nos paramos a observarla con la tranquilidad que merece... ¿tú te has dado cuenta la cantidad de cosas hermosas que hay en el mundo?... ¡claro, como se empeñan en enseñarnos solamente lo más feo!... que también existe, no lo niego, pero vamos a ir compensando... Y es que, yo creo, que nos fijamos sólo en lo grande, en lo espectacular, en lo que sale en la tele y nos venden como las grandes odiseas de la historia... un ejemplo: la eurocopa de fútbol de la selección española, que no digo yo que no me alegro... que sí... que muy bonita... que muy guapos los chicos... pero ¿qué quieres que te diga?... para mí la alegría, casi anónima y desconocida, fue que a mi marido el sábado por la tarde le dieron un trofeo reconociendo sus méritos y esfuerzos dentro del fútbol amateur... tanta alegría nos llevamos por la sorpresa que tiramos la casa por la ventana y nos fuimos a cenar a un chino...  ¿no crees que para mí eso es más importante que las copazas de una selección a la que pertenezco por casualidad geográfica?... Si es que, Pilarín, todos seríamos más felices si empezáramos a fijarnos en las pequeñas alegrías de cada día...

ARROZ FÁCIL

ARROZ FÁCIL

Tú dirás lo que quieras pero nosotras, por estas tierras, somos de arroz fácil. Que te lo digo yo, Luisani... que preguntes a quien preguntes, un día sí y otro también tiene algo que hacer con el arroz: como complemento, como plato principal o como exótico y moderno internacionalmente... Con el arroz siempre quedas bien y, además, te da un aire de conocimiento mundial a la par que de enraizamiento con tu propia tierra y cultura culinaria... Que te vienen los primos de Pinoso, pues con conejo y con los caracoles estos serranos de los buenos, autóctonos del propio Bolón. Que te viene la sobrina de Almansa, pues una paellica bien graciosa con sus mariscos, también autóctonos, de la misma Santa Pola: esas gambas "atigresás", esos mejillones de la misma roca, ese emperador que ya hubiera querido el mismísimo Napoleón en sus viandas y ese calamar gracioso, con todas sus patas bien estilizadas a lo vedette del "Molino"... ¡Mira, que nada más contártelo ya se me hace la boca como un pantano!... Luego te llega la amiga aquella que nunca salió del pueblo y, para una vez que lo hizo, se me fue a las lejanías más lejanas del planeta, y vino exótica profunda, pues ¡ala!, el "tres delicias a mi manera" me sale la mar de bien y así, de una, soluciono dos problemas: quedo como una experta culinaria internacional y, la más importante y práctica, vacío la nevera de sobras de toda la semana. Vamos, que a mi amiga igual le da que sean tres las delicias que cincuenta, total a ella no le dio tiempo a recorrerse toda China en sus quince días de agosto y en alguna casa habrá que hagan el arroz chino con morcilla de cebolla. Que no... Luisani, que no... antes de que vinieran con la moda esta de los restaurantes del oriente, mi abuela ya tenía sus sacos de arroz en la despensa (poco y con tropezones, eso sí, que con la historia aquella del estraperlo nos cabía medio monte en la olla)... ¿Y el caldosico para esos días de invierno?... ¿y ese melosón cocido al horno?... ¿y el integral para las dietas?... ¿y ese basmati del Tibet que te da como aire de meditación y sabiduría transcendental?...  Lo que yo te diga, que por estas tierras si algo nos salva del aburrimiento y nos llena el estómago en su propio equilibrio natural, es el arroz.... Por cierto, ¿te he contado cómo hago yo el arroz con leche?...

 

 

 

PRIMAVERA LLUVIOSA

PRIMAVERA LLUVIOSA

He ido a comprarme un paragüas. Los voy perdiendo como el que se deja la memoria olvidada en cualquier rincón del calendario.

 Y es que, por aquí, no estamos acostumbrados a estas lluvias, a esta generosidad ilimitada de fluviales abrazos. Incluso los más ancianos no recuerdan haber vivido una primavera así, tan especialmente húmeda, tan renovadora y limpia.

A mí me gusta la lluvia. Adoro los paisajes que se dibujan en las ventanas cuando las gotas cantan emocionadas baladas de remotas geografías. El horizonte, con sus miméticos montes, parece recrearse en acuarelas multiformes que un enamorado pintor cincelara a bocanadas de nostalgia. Me gusta, también, su aroma, esa mezcolanza de alquitrán y tierra virgen, de acacias y neumático usado, de paraíso y prisión urbana, civilizada y ambigüa.

Ya tengo la despensa lírica llena, casi como los pantanos o como esos pequeños riachuelos que había olvidado que, de vez en cuando, recorrían las arterias de mi memoria. Y es que, con la lluvia, todo brota con su naturalidad más paciente, no hay que forzar el esplendor de las manzanas ni el virtuosismo fugaz del verso. Todo va alcanzando su altura y su redondez necesaria a medida que es vestido con la seda del agua. Y es que, aunque no lo creamos, la lluvia es el maná que nos alimenta el alma y hace crecer esperanzas allá donde sólo habitaba la desidia y la tristeza.

Como en el útero materno, retomo las raíces  y me dejo invadir por un mundo de acuáticas emociones, vuelvo al principio de los principios... renazco.